Diario de campaña (2): ¡Maldita confluencia!

Pablo-Iglesias-y-Dolors-Camats

Es que los podemitas no paramos, vamos de conflicto en conflicto. Ayer eran las primarias y las luchas por ir en las listas (Perdón, me equivoco, que nadie quería ir en los primeros puestos, que solo estamos en Podemos por el bien común. Cuando alguien dice “es que yo no busco un sillón”, se me pone la piel de gallina. Es como cuando alguien dice “yo no soy racista, pero…”. Lo mismo.) Pues resulta que en las elecciones a las primarias de Podemos para las listas al Parlament de Catalunya, la participación fue del 5,66%, un porcentaje que no es para tirar cohetes. A partir de este dato, nos podemos plantear una serie de dudas razonables. ¿Estamos haciendo las cosas bien? ¿Es normal un índice de participación tan bajo en un partido político nuevo cuyo principal activo es el trabajo de las personas de los círculos y la (supuesta) ilusión que todos y todas tenemos en este proyecto? ¿Tiene algo que ver en los resultados la creación de una lista alternativa, Somcat, que apostaba por un protagonismo exclusivo de la gente de los círculos, dejando de lado personas propuestas por el Consejo Ciudadano autonómico, como es el caso de Albano Dante?

Lo peor de todo esto es que ya se empieza a hablar de desafección dentro de Podemos. De que unos pocos deciden por todas y todos. Y eso no gusta a las bases. Un término por cierto que utilizan muchos que demandan más protagonismo a los círculos, sin darse cuenta de que precisamente el uso de la palabra “bases” ya transmite el concepto de una estructura jerárquica, que es una de las cosas por las que lucha desde el principio Podemos. Una persona, un voto. ¿O no nos acordamos?

Pues bien. Ahora hemos entrado de lleno en el tema de la confluencia. ¿Debemos ir solos a las elecciones o lo hacemos de la mano de ICV i Procès Constituent? Creo que la mayoría estamos de acuerdo en que nos gustaría ir como Podemos, así de sencillo. Pero la realidad es que Catalunya es una comunidad autónoma (o un país, como queráis) que hay que dar de comer aparte. Quienes van a convocar las elecciones autonómicas del 27S dicen que estas son plebiscitarias, es decir, se trata de una consulta en la cual la ciudadanía aprobará o rechazará una propuesta sobre la soberanía del pueblo catalán. Pero no en base a una pregunta directa, sino a partir de los resultados electorales que obtengan los partidos que incorporen la independencia de Catalunya en su programa.

En Podemos, por otra parte, no estamos por la soberanía, digámoslo claro. De acuerdo, estamos por el derecho a decidir, pero es más una salida airosa al reto que plantean las personas que están a favor de la independencia, que una respuesta real al tema de la independencia. Estoy en Podemos desde sus inicios y me consta que el castellano es la lengua vehicular en todas las reuniones y asambleas. No pasa nada. Es lo que hay.

Y aquí llegamos, en mi opinión, al tema central de debate que pone sobre la mesa la confluencia: el discurso. Porque la realidad es producto del discurso, y sin discurso no hay modo de modificar la realidad. Y el discurso en Catalunya, hoy por hoy, es suyo. Y no es muy elaborado, todo sea dicho. De hecho se puede resumir así: “Tenemos el derecho a decidir como pueblo nuestro futuro, y cuando seamos independientes, tendremos una sociedad mejor, sin el lastre del Estado español”. Vamos, como se dice aquí, que a partir de la independencia lligarem els gosssos amb llonganisses. “España nos roba y cuando seamos independientes, viviremos mejor”. Así de simple es su discurso. Y frente a este sencillo, pero eficaz, argumentario, la propuesta de regeneración democrática, de participación ciudadana, de transparencia, de soberanía popular que propone Podemos, no tiene futuro en Catalunya. ¿Qué conclusión podemos extraer de esta situación? Proponer una alternativa fuerte, capaz de disputar el gobierno de la Generalitat el 27S. En este contexto, sí tiene sentido la confluencia.

Cuando estoy escribiendo estas líneas, acabo de recibir un comunicado de Podemos en el que se informa que ya se ha llegado a un principio de acuerdo para impulsar la candidatura Catalunya, sí que es pot, con ICV, EUiA y Procès Constituent. Mañana se hará público.

¿Acabaremos haciendo campaña para la monja benedictina Teresa Forcades? Conmigo que no cuenten.

Esta es mi candidatura al Congreso en las candidaturas no agrupadas: http://podemos.info/primarias-generales/candidaturas/56566/

 

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Diario de campaña (1): La ‘transversalidad’ de Podemos

Asamblea Sí se puede

Este es el primer escrito de una serie de artículos diarios que empiezo a publicar hoy y que finalizaré el miércoles 22 de julio, día de cierre de la campaña. Seis entradas en mi blog en las que pretendo explicar las motivaciones de mi candidatura al Congreso de los diputados y cuál es mi visión de Podemos, dentro del sistema político español y, en concreto, de la comunidad autónoma a la que represento: Catalunya.

Creo que estaréis de acuerdo conmigo en que la irrupción de la formación de Pablo Iglesias ha sido lo más notable aparecido en el panorama político español desde la victoria de Felipe González en 1982. Es lógico que la izquierda tradicional de este país, que perdió su identidad el día en que sus propios partidos abandonaron en su conjunto la reivindicación y la lucha en la calle y se ciñeron únicamente a la confrontación ideológica, electoral y parlamentaria, vea en el auge de Podemos el fin de los partidos a la izquierda del PSOE.

¿Cuál es la estrategia de Podemos? Trasladar los movimientos sociales (entre ellos y especialmente el conocido Movimiento del 15M), al campo político, al de las instituciones, a partir de lo que, en el lenguaje actual, se llama transversalidad. Y si la transversalidad es el elemento que permite la relación entre personas y colectivos muy diferentes entre sí, los principios éticos representan el aglutinante que hace posible la unidad de acción. Esta es una característica propia de los movimientos sociales, que en raras ocasiones es aplicada por los partidos políticos, que sustituyen esos principios éticos por su propia ideología.

El concepto de transversalidad es complejo. En mi opinión hay un aspecto que, como mínimo, entiendo que es discutible. Cuando se habla de “transversalidad”, nos referimos a las formaciones que ofrecen soluciones y propuestas concretas a la ciudadanía en su conjunto, independientemente de la adscripción política de cada persona. Y se atribuye a los partidos emergentes, como es el caso de Podemos, aunque creo que ese concepto es perverso, porque conduce a ideas que pueden producir confusión: “Podemos no es de derechas ni de izquierdas”. Al fin y al cabo, ese es el argumento que creo que hay que dejar claro. UPyD también apuesta por la transversalidad (y C’s, en menor medida), y no deja de ser un partido claramente de derechas.

En mi opinión, el concepto de transversalidad de Podemos contiene un matiz importante. Se trata de construir un espacio común a la ciudadanía que se habilita desde la izquierda. Y ello se construye aparcando los planteamientos ideológicos de las personas de izquierdas para intentar delimitar un espacio ideológico que puedan compartir personas de diferentes ideologías. Esa compartición es básicamente estratégica que, en el caso de Podemos tiene un objetivo concreto: alcanzar el poder.

Como dijo Carolina Bescansa, en la Escuela de Verano de Podemos, que tuvo lugar en Tarragona el verano pasado, cada uno, como individuos, llevamos a cuestas nuestra mochila, llena de ideas y valores que nos definen como personas. Y las personas construimos nuestra personalidad a partir de un determinado posicionamiento: estamos a favor (o no) de un estado laico; creemos (o no) que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo; apoyamos una escuela pública y laica para tod@s; o bien apostamos por el derecho de los padres a elegir libertad religiosa para sus hijos e hijas, o estamos a favor de la energía nuclear y de los combustibles fósiles frente al uso de las energías renovables, por poner un ejemplo de posturas ideológicas opuestas.

¿Por qué tenemos que dejar de lado la mochila que llevamos cada uno/a de nosotros/as a cuestas? Porque si no lo hacemos, Podemos en el mejor de los casos tendrá como objetivo buscar un espacio a la izquierda del espectro político, un poco más allá de PSOE o de ICV. Y ese sería un fracaso para Podemos, cuyo objetivo es alcanzar el poder, para lo cual busca esa transversalidad que se articula en base a tres propuestas básicas: luchar contra la corrupción, apostar por la participación real de la ciudadanía y defender la soberanía económica del país.

Por eso, entiendo que el concepto de transversalidad en Podemos es puramente instrumental. Pero si alcanzamos el poder, cada uno seguirá llevando su mochila a cuestas.

Esta es mi candidatura al Congreso en las candidaturas no agrupadas: http://podemos.info/primarias-generales/candidaturas/56566/

TIC, TAC, TIC, TAC, TIC, TAC

Els 10 candidats a l'alcaldia de Calafell. Foto: Baix Penedès Diari.
Els 10 candidats a l’alcaldia de Calafell. Foto: Baix Penedès Diari.

M’havia fet un tip de riure i ho estava compartint amb els companys i companyes de Podemos prenent una birra, després d’assistir al debat entre els 10 candidats (només hi havia una dona) a l’alcaldia de Calafell. Ens venia al cap la imatge d’en Joan ‘Nani’ Soler (ERC) amb el micròfon a la mà, mut, quan no havien ni passat 60 segons de la seva intervenció i encara en quedaven uns 60 més del seu torn de paraula. Es va fer un silenci espès a l’auditori, abans no va dir “ja està” i li va passar el micròfon al següent ponent. Mare meva, quin nivell!

També recordàvem amb plaer les intervencions del candidat de Guanyem Calafell, Constantí Ortega, que la majoria del públic present escridassava -juntament amb Pedro Arias, de PxC- quan feia ús de la paraula. De fet, seria més just dir que era el candidat d’ell mateix. Aquest home no representa a cap partit, ni abandera cap ideologia, només és una mala persona que vol aprofitar-se de la confusió generada pel context polític actual. Deixem-lo de banda, doncs, no paga la pena dedicar-hi més temps a una persona que no s’ho mereix.

I nosaltres, què ens mereixem? Perquè una cosa és clara, si la classe política que es va aplegar a l’auditori el dilluns és la que ens ha tocat, alguna cosa també haurem fet malament. Per començar, no saber construir una alternativa d’esquerra al municipi que faci front als partits que porten governant des de fa 30 anys. I si no, fixeu-vos en què va passar el dilluns.

Javier Ramos Panduro, el candidat del nou partit Calafell en Comú-Entesa, va fer èmfasi en el seu discurs en què tot ho farem entre tots i totes, és a dir, en comú. Ho va saber transmetre prou bé. El problema és que no sabem qui forma part d’aquest “tots i totes”. Cal no oblidar que Javier Ramos Panduro és militant de Iniciativa per Catalunya Verds i, a la candidatura, hi formen part alguns persones que van sortir del Partit dels Socialistes de Calafell. Gent d’esquerres, sí, però a l’estil de sempre.

Si cerquem més candidats d’esquerra què hi eren al debat, només en trobem un altre: Ivan Montejo, l’orador més brillant de tots, malgrat que el format tan rígid no li afavoria en absolut. Va deixar clar les seves idees en el primer torn de paraules: cal capgirar l’Ajuntament, articular mecanismes de democràcia directa, limitar els sous dels càrrecs, no romandre més de 4 anys al govern, acabar d’una vegada per totes amb els càrrecs de confiança,… Gent jove, preparada, amb una estructura assembleària, què més es pot demanar? El problema ve quan l’Ivan diu que la CUP defensa el dret d’autodeterminació dels Països Catalans i que volen treballar des dels municipis per una independència real per “canviar-ho tot”. I què passa si el que volem molts és canviar-ho tot, primer, i després ja veurem això de la independència?

La resta de candidatures no van aportar res, que no sigui allò de sempre. En Joan Olivella va defensar la seva gestió, bàsicament reduir el deute municipal que va heretar del Jordi Sánchez -l’anterior alcalde, que era del PSC- i fer realitat les obres i equipaments a què s’havia compromès el seu equip de govern. Tot i la placidesa del debat, es va mostrar nerviós, poc acostumat a debatre, como si pensés per què ha de donar explicacions d’allò que ha fet.

En Ramón Ferré va sobresortir com el millor del bloc de la “casta”, per entendre’ns. Va etzibar a la resta de candidats que ells sí porten a les eleccions un programa de participació ciutadana (Calafell 25×25), que baixaran l’IBI un 10% per al 2016 i que, ara sí, “canviaran allò que mai no canvia a Calafell”. La qüestió és que Ferrer ha format part de la manera de fer política tradicional -Jordi Sánchez i Ramon Ferré estan imputats pel conveni urbanístic de la masia Cal Perotet, quan aquest últim era regidor d’Urbanisme- i costa de creure que ara tots, de cop i volta, s’apuntin al canvi. Val a dir, també, que va deixar anar alguna que altra petita perla com aquesta: “Per combatre l’atur, donarem feina”. Impressionant.

Què dir de la resta de partits? Discursos llegits amb desgana, confusió d’idees, desconeixement de la realitat de la política municipal, com quan el de Ciutadans va dir que baixarien l’IVA (sic). El torn de preguntes que podien fer els candidats va ser rebutjat pel ‘Nani’ i en alguns casos també pel Parera (UAM), per la Teresa González (PP)… No tenien res a dir? Aleshores, què hi feien allà?

Una falta de respecte a la ciutadania, en poques paraules. Només Javier Ramos e Ivan Montejo -juntament amb Ramon Ferré, cal dir-ho- es van preparar les seves intervencions. La resta, van passar, com van poder, el tràngol, a l’espera del sopar a base de marisc que els hi va oferir el restaurant L’Ancora, copatrocinador de l’acte. (Per cert, Javier Ramos i Ivan Montejo, van declinar la invitació.)

Com es nota que ha començat el canvi. Penso ampliar la foto que veieu del sopar, i la posaré en un marc amb el títol “La casta, a Calafell”.

TIC, TAC, TIC, TAC, TIC, TAC…

Sopar del candidats

 

 

 

 

 

 

 

De la confusión en política

Imagen Guanyems i en comuns

En Calafell, se presentan 10 candidaturas a las elecciones del 24 de mayo. Aparte de la CUP, que es la primera vez que concurre en nuestro municipio, destacan dos candidaturas nuevas: Guanyem/Ganemos Calafell y Calafell En Comú. La primera está impulsada por Constantí Ortega, personaje oscuro y tóxico, conocido en el pueblo desde hace años; la segunda tiene como cabeza de lista a Javier Ramos Panduro, portavoz de ICV a Calafell, y está integrada, entre otros, por miembros de Pirates y algunos independientes, vinculados hasta hace poco al Partit del Socialistes de Calafell. ¿Qué tienen en común ambos partidos? En principio, nada en absoluto, excepto que comparten el mismo logo. El de la formación de Barcelona En Comú, que lidera Ada Colau.

¿Dos partidos que utilizan la misma imagen? Entonces, ¿Guanyem y En Comú son lo mismo? Y si no lo son, ¿por qué ese interés de ambas candidaturas en utilizarlo? La respuesta es: Podemos. O mejor dicho: el efecto Podemos. Antes de justificar la respuesta, abramos un pequeño paréntesis.

El 15 de junio de 2014 se publicó en internet el manifiesto Guanyem Barcelona promovido por una treintena de ciudadanos vinculados a los movimientos sociales y vecinales, así como personalidades del mundo académico y de la cultura. En el manifiesto se presentan como una plataforma ciudadana cuyo objetivo es “construir una candidatura de confluencia”, y proponen una “rebelión democrática en Barcelona” y “reapropiarnos de las instituciones”.

Finalmente, el 10 de febrero de 2015 se presentó públicamente el acuerdo definitivo de confluencia entre los partidos Iniciativa per Catalunya Verds, Esquerra Unida i Alternativa, Equo, Procés Constituent y Podemos, bajo la marca Barcelona en Comú. La coalición tuvo que renunciar al nombre Guanyem al haber sido registrado anteriormente.

A partir de esta usurpación de la marca Guanyem, han aparecido candidaturas como Guanyem Calafell o Guanyem Cunit, que han utilizado personas, como es el caso de Constantí Ortega o Xavier Salvadó, respectivamente, para presentarse a las elecciones. Cerramos el paréntesis.

Aquí empieza la confusión intencionada. Hacer creer a la ciudadanía que Guanyem Calafell es lo mismo que el Guanyem de la Ada Colau, antes de que cambiara el nombre a En Comú, y como en Barcelona Comú está también Podemos, pues…, això que diem en català, “embolica que fa fort!”.

Pero, ¿Guanyem Calafell es la única candidatura que pretende recoger en aguas revueltas el voto de posibles simpatizantes de Podemos? No, como hemos apuntado al principio, también hace campaña con el logo de “En Comú”, Calafell En Comú, que está agermanada con Barcelona En Comú. Sin embargo, en la presentación pública de “Ahora En Común”, con Ada Colau y Manuela Carmena, que tuvo lugar en Madrid el pasado 6 de mayo, no asistió ningún representante de Calafell En Comú, mientras sí lo hacía nuestra compañera de Vila-seca En Comú, Elisabet Sánchez.

La cuestión es que la candidatura que se publicita como Calafell En Comú figura en el Butlletí Oficial de la Província de Tarragona como CALAFELL EN COMÚ-ENTESA (CeC-E) y la campaña electoral está financiada y dirigida desde ICV. Entonces, ¿por qué ese interés en dar la imagen de En Comú, cuando en realidad no deja de ser una candidatura de ICV con algún miembro de Pirates y otros que se autocalifican de independientes? Volvamos al efecto Podemos.

Pese a que las últimas encuestas publicadas por los medios de comunicación mainstream apuntan a un descenso notable de Podemos, la realidad es que la irrupción de la formación de Pablo Iglesias ha sido lo más notable aparecido en el panorama político español desde la victoria de Felipe González en el 82. Es lógico que la izquierda tradicional de este país, que perdió su identidad el día en que sus propios partidos abandonaron en su conjunto la reivindicación y la lucha en la calle y se ciñeron únicamente a la confrontación ideológica, electoral y parlamentaria, vea en el auge de Podemos el fin de los partidos a la izquierda del PSOE.

¿Cuál es la estrategia de Podemos? Trasladar los movimientos sociales (entre ellos y especialmente el conocido Movimiento del 15M), al campo político, al de las instituciones, a partir de lo que, en el lenguaje actual, se llama “transversalidad”. Y si la transversalidad es el elemento que permite la relación entre personas y colectivos muy diferentes entre sí, los principios éticos representan el aglutinante que hace posible la unidad de acción. Esta es una característica propia de los movimientos sociales, que en raras ocasiones es aplicada por los partidos políticos, que sustituyen esos principios éticos por su propia ideología.

Y así estamos, a cuatro días de las elecciones. Por un lado, los oportunistas que buscan el paraguas de la marca Guanyem, con el convencimiento de que una parte de la ciudadanía identificará a Guanyem con Podemos. Por otro, personas de la izquierda tradicional (históricos incluidos) que buscan renovarse a través de la marca “En Comú”, relacionada con estos aires de cambio que sacuden al país, sin entender que una parte importante de la ciudadanía reclama un cambio real en la manera de hacer política, una regeneración política, que incluya participación ciudadana, mayor transparencia y que actúe de manera profundamente democrática.

Esta izquierda tradicional cree que basta un lavado de imagen para confundir al electorado. Pero, con ello, solo conseguirán dejar el camino abierto a los partidos de la casta.

 

 

 

 

Punto de libro

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La ciudad amaneció engalanada, aunque en el ambiente flotaba un aire enrarecido. Desde hacía mucho tiempo, los ciudadanos cumplían un día al año con el ritual de comprar flores y libros, que se intercambiaban entre esposos, novios, amantes, padres e hijos, amigos e, incluso, compañeros de trabajo. Según la tradición, los hombres regalaban una rosa a las mujeres y ellas, un libro a ellos. Al día siguiente, la vida volvería a seguir su curso con normalidad, pero el peligro ya habría pasado.

Jordi se levantó temprano y salió a la calle en busca de una rosa y un libro para su novia. Consideraba sexista que se diera por supuesto que las mujeres no tenían necesidad de leer, por eso siempre le obsequiaba con un libro que acompañaba de la convencional flor roja, aunque no entendía el porqué de gastar tres euros en una rosa que no olía. Compró un periódico en el quiosco de la esquina de su casa. Incluía un suplemento con todas las novedades editoriales que este año se iban a vender a lo largo del día. Destacaban novelas apasionantes, con intrigas en las que la Iglesia jugaba siempre un papel conspiratorio. Otros libros exponían métodos para ejercitar la mente o mejorar las relaciones sociales. Algunas sugerencias, incluso, se adentraban en el campo de la historia, con textos que explicaban el origen de tal o cual comunidad, sus raíces y la razón de su existencia en un mundo dirigido sólo por los mercados. También se publicitaban, por supuesto, los libros escritos por personajes mediáticos destinados a ocupar los primeros puestos de la lista de los títulos más vendidos.

Se dirigía a Ciutat Vella, bajando por Passeig de Gràcia. Llevaba en su bolsa el libro que Almudena Grandes acababa de publicar de su serie sobre la posguerra española. Al llegar a la altura del Hogar del Libro, recordó que la autora firmaba libros, pero desestimó la idea de acercarse a la librería cuando vio la multitud que se agolpaba a sus puertas. La mañana era soleada, pero a Jordi le parecía que había un olor ácido, ligeramente pútrido en la atmósfera. Continuó su camino en dirección a la Catedral. Veía a multitud de vendedores de rosas que ofrecían su mercancía a los transeúntes y a la gente agolpándose ante los puestos de libros que ocupaban la calle.

El olor a azufre era cada vez más intenso. Jordi tenía la garganta irritada y se notaba los ojos enrojecidos. Al llegar a la Catedral, pensó en entrar en algún bar para tomarse una caña, pero desistió al ver que todos estaban llenos. De pronto, recordó una librería de viejo que estaba en la calle de La Palla, a escasos metros de donde se hallaba. Franqueó la puerta y una campanilla resonó en la estancia. Una luz mortecina entraba por el escaparate de la librería, abarrotado de libros, pero el aire era puro y, por primera vez desde que salió a la calle, respiró como si estuviera en una playa virgen. De la trastienda apareció un anciano de pelo y barba blanca, con unos quevedos que coronaban su nariz aguileña.

一Buenos días, joven.

一Buenos días 一respondió Jordi一. Voy a echar un vistazo, si no le importa.

Los libros, todos de ediciones antiguas, la mayoría de ellos descatalogados, estaban dispuestos en altas estanterías, sin orden aparente. Desde muy joven le habían gustado los libros, como lectura y también como objetos en sí. Eligió Los hijos del Capitán Grant, una edición de 1954, el mismo libro que le regaló su abuelo y que dejó olvidado cuando se fue de casa de su madre.

一Me llevo este 一le dijo al librero.

一¿Conoce la historia, joven? 一le preguntó el viejo mirándole a los ojos a través de sus lentes.

一Claro, creo que fue uno de los primeros libros que leí de pequeño 一contestó Jordi, con una sonrisa en los labios.

一Bien, bien 一replicó el librero con aire absorto一. Y añadió:  tenga, le regalo un punto de libro, hoy es Sant Jordi.

El dibujo era una rosa roja, de color muy vivo. Al coger el punto de libro, se le resbaló de entre los dedos y cayó al suelo. Jordi se agachó y vio una mancha roja que se extendía alrededor del rectángulo de papel.

一No se preocupe, joven 一le dijo el viejo一, no pasa nada.

Jordi salió de la tienda con una extraña sensación de alivio en el cuerpo. El cielo era límpido y el aire ya no olía a azufre.

Jo també vull ser ‘independent’

Ikea

Hi ha paraules que estan de moda. Com, per exemple, independència o independent. És a dir, aquella situació d’una col·lectivitat o d’una persona que no admet l’autoritat o el control d’altres. És com allò que deia l’anunci d’Ikea: “Benvingut a la república independent de casa meva”. I, com la majoria de paraules que estan de moda, gaudeixen de bona reputació. Que algú es defineix com a independent té glamour, signifiqui allò que signifiqui glamour.

Així, a la desafecció dels ciutadans envers la política, o millor dit, en relació amb els partits polítics tradicionals, emergeix la figura del polític independent. Per exemple, a Calafell hi ha una nova formació política, Calafell En Comú, que té la voluntat de concórrer a les properes eleccions municipals. Segons expliquen a la seva pàgina web, la llista de candidats i candidates està encapçalada per una persona adscrita a ICV, mentre que la dues següents es qualifiquen d’independents. Independents de qui o de què?

Si cerquem la definició de persona independent que diu el Diccionari de la llengua Catalana, trobem el següent: “A qui plau de tenir lliurament les seves opinions, la seva manera d’actuar, etc., que no admet el control dels altres”. Dit d’una altra manera, “que gaudeix d’independència política”.

Això vol dir que aquestes persones independents fan allò que vulguin dins d’aquesta nova formació política? Si, com a independents, tenen llibertat d’actuar segons el seu propi criteri, podran no acatar el manifest polític i el codi ètic que defensa Calafell En Comú? No, és clar que no, diria jo. Entenc que quan es defineixen com a independents es refereixen a l’etapa prèvia de la seva vida política abans de formar part d’aquest nou partit. Una etapa que, per lògica, ha de ser una transició temporal prèvia a aquesta nova “militància”. Perquè si vinguessin de casa seva, no d’una altra formació política, no es denominarien independents. Si una persona entra per primer cop en un partit, diguem-ne als divuit anys, no diu que és independent, oi? Em sembla que m’estic fent un embolic.

Heus ací, però, que la publicació mensual independent -un altre cop l’adjectiu independent- Info Calafell, en el número 6, de març de 2015, em treu de dubtes. A la pàgina 7, parla de Calafell En Comú i qualifica al número dos de la candidatura com a “exsocialista”. Ara ja està clar. Ser independent, vol dir que abans havies format part del Partit dels Socialistes de Calafell i ara et presentes amb Calafell En Comú. Bé, suposo que també és vàlid per a les persones que, havent militat dins de qualsevol partit, com ara el PSC, CiU o PP, per exemple, ingressen en un de nou. És com la contrasenya per entrar en un cau on servien begudes alcohòliques a Chicago durant la Llei Seca.

– Contrasenya?

– Independent.

– Passi.