‘El sueño es realidad’

Este era uno de los lemas que mejor definen la revolución de mayo de 1968 en París. Un período de insurrección estudiantil que acabó con una Francia absolutamente paralizada, con diez millones de obreros lanzados a la huelga.

La protesta se inició en la facultad de Humanidades de Nanterre. El 22 de marzo de 1968, los estudiantes invaden y ocupan las oficinas de la administración. Exigían la libertad de expresión política dentro de la facultad. Fue una noche que consideraron histórica. De ella nació una tradición y una nueva agrupación: el Movimiento 22 de marzo, formado alrededor de la figura de Daniel Cohn-Bendit, estudiante de sociología de 23 años, nacido en Francia, hijo de refugiados alemanes.

El movimiento estudiantil halló en las paredes de la ciudad su instrumento fundamental de comunicación. Los lemas cambiemos la vida, transformemos la sociedad, eran las banderas fundamentales de la voluntad de cambio por parte de la juventud francesa. En las barricadas de París se reconocieron todas la luchas de liberación del Tercer Mundo: reivindicaron la gesta revolucionaria cubana y la ejemplar resistencia del pueblo vietnamita. Como decía Jean-Paul Sartre en un diálogo con Cohn-Bendit, publicado en Le Nouvel Observateur, el 20 de mayo de 1968, “lo interesante de la acción que ustedes desarrollan es que lleva a la imaginación al poder”.

‘No hay pan para tanto chorizo’

Este, por su parte, es el lema más representativo del Movimiento de indignados 15-M, un movimiento ciudadano surgido en España el 15 de mayo con la intención de promover una democracia más participativa, alejada de los grandes partidos nacionales. Los promotores del movimiento se consideran preocupados e indignados por el panorama político, económico y social existente en el país, marcado por la corrupción de políticos, empresarios y banqueros.

Son 43 años los que separan en el tiempo a los indignados españoles de los llamados iracundos de Nanterre. Una sociedad, la actual, que poco tiene que ver con aquella otra, salida de la larga posguerra mundial y en la que la juventud era sensible a la crisis capitalista, a la crisis de imperialismo que oprimía Vietnam, América Latina y a todo el Tercer Mundo. Unos jóvenes que tenían por héroes al Che Guevara, a Fidel Castro, a Mao, y a Ho Chi Minh.

Hoy, nada de todo aquello es perceptible en nuestra sociedad. De Che Guevara -un símbolo fagocitado por la propia sociedad de consumo- se siguen vendiendo camisetas y haciendo películas sobre su vida. Pero poco más. La indignación actual parte de una profunda decepción por el modelo actual de sociedad, que ofrece un futuro sin esperanza a los más jóvenes, y unas perspectivas poco halagüeñas para los que vemos nuestra vejez no muy lejana. Son (somos) los indignados, pero también son (somos) los resignados. Voces que se levantan en contra del abatimiento ético y del pensamiento único que impera en nuestra sociedad. Quizás, aquí y ahora, deberíamos hacer nuestro el lema de mayo del 68: Seamos realistas, pidamos lo imposible.

Anuncis

Lo que ocurre en las nubes, ocurre también en nuestra casa

No te voy a pedir el corazón que llevas

escondido debajo de tu ropa de invierno.

Solamente esperaba, como leña reunida,

para arder en el fuego que calienta tus manos.

Quiero entender tu noche, tu sed, tus libramientos,

tu vivir en las sílabas que componen tu nombre,

tu quedarte dormida, tu me voy a la cama,

tu silencio acostado, mi silencio acostado,

las cosas que me pasan cuando sueñas conmigo.

Luis García Montero, Un invierno propio (Visor)

Adéu, senyera!


Ahir, quan faltaven quatre dies per a la manifestació convocada per Òmnium Cultural en protesta per la sentència del Tribunal Constitucional sobre l’Estatut de Catalunya, Quim Monzó va publicar un article a La Vanguardia que porta per títol: Banderín, pendón, banderola… En la seva columna d’opinió, Monzó diu que “una senyera es un estandarte, una banderita, especialmente la que sirve de enseña de una corporación. Sólo por extensión –y por el uso corrupto de estas décadas– ha acabado por significar, para algunos, bandera catalana”. I afegeix: “Senyera era un falso sinónimo que usaban en los discursos cuando habían escrito bandera diversas veces y no querían repetirse, como los cursis que escriben luso para no repetir portugués”.

Quan les forces polítiques encara discuteixen sobre si la manifestació de dissabte s’ha d’encapçalar amb el lema “Som una nació. Nosaltres decidim” o senzillament amb la senyera, tal i com vol el president de la Generalitat, José Montilla, arriba Monzó i ens diu que no podem manifestar-nos darrera la senyera perquè és massa petita. Dit d’una altra manera: no hi cabem tots i caldria una bandera gegantesca, com la espanyola que ondeja a la plaça Colón de Madrid, perquè tinguin cabuda totes les sensibilitats que hi ha a la societat catalana. Que no són poques. Els independentistes, primer. Però també els autonomistes, que volen una nació catalana en el si de l’Estat espanyol, com demanen els convergents. Sense oblidar-nos dels socialistes catalanes que no saben què fer ni on mirar i que preferirien despertar-se el diumenge i que el malson hagués passat. Fin i tot UPyD, el partit de la diputada Rosa Díez, ha convocat aquest dissabte una concentració davant el Tribunal Constitucional per exigir al president del Govern que es respecti i acati la sentència sobre l’Estatut de Catalunya. Això serà a Madrid i no caldrà buscar-li cap senyera, per petita que sigui, a la senyora Díez.

Quan hom porta tota la vida creient que la senyera és el símbol d’aquest país, Monzó ens fa despertar del nostre somni. Potser ho ha fet en un bon moment, quan molts catalans d’arreu del país engalanen els seus balcons amb la bandera espanyola, per deixar ben clar el seu recolzament a La Roja, que juga avui contra Alemanya en el Mundial de Sud-àfrica. Perquè ells també són catalans, malgrat que no tinguin cap mal de cap amb la seva bandera, no? Jo també voldria que arribés el diumenge…

Despierta de tu sueño

‘Leave Your Sleep’ es el nuevo álbum de Natalie Merchant, y es el título que lleva este cuaderno de bitácora. Es como un diario íntimo pero en red, señal de que los tiempos han cambiado. Por lo visto, hay que tener una identidad digital. Sin ella no eres nadie, eso dicen, aunque pienso que en este tránsito del mundo real al virtual nos dejamos muchas cosas en el camino. Recuerdo cuando iba en el metro, acariciando el ‘Dark Side of the Moon’ de Pink Floyd adquirido en Discos Castelló, esperando ansioso el momento de llegar a casa y poner el vinilo en el plato. Eran los setenta, claro. Hoy, en pleno siglo XXI, el disco -¿lo puedo llamar así?- de Natalie Merchant lo he bajado de la red, sin pagar un euro. Se publicó en abril, creo, y ya lo tengo en mi mp3. ¿Mola, no? Pues la verdad, no lo tengo tan claro. No lo puedo poner en mi equipo de toda la vida porque no lee estos formatos modernos, no tengo el librito del CD con las letras de las canciones, no sé que músicos tocan, ni dónde ni cuándo se grabó el disco. La inmediatez ha sustituido a la magia, al ritual del aprendizaje. ¿Ganamos o perdemos con el cambio?

Quizás deberíamos despertar de nuestro sueño. Así nos lo advierten algunos gurús de la economía como Santiago Niño Becerra. Este catedrático de Estructura Económica en la Universitat Ramón Llull de Barcelona, vaticina el fin del Estado de Bienestar. En una entrevista publicada en You Tube, Niño Becerra afirma que el paro en nuestro país rondará el 30% en 2013 y que el modelo actual, basado en la enseñanza y la sanidad universales, será historia.

Según este economista, sólo la élite profesionalmente cualificada tendrá sueldos competitivos que le permitirá disfrutar de una asistencia médica y una educación de calidad, así como financiar un plan de pensiones que le asegure su vejez. Y el resto, a vivir de subsidios. Un futuro poco prometedor, dicho sea de paso.

No entro a valorar las predicciones de Niño Becerra. Se trata de un escenario que, dadas las circunstancias actuales, a todos nos parece más que probable. Pero la cuestión es cómo hemos pasado de una sociedad -la española- boyante a otra que se asemeja a Grecia o Portugal. ¿No teníamos a los mejores cocineros del mundo? ¿No disfrutábamos de la mejor liga de fútbol? ¿No eran Barcelona o Madrid ciudades como París o Londres? ¿No venía Woody Allen a rodar una película a la capital catalana con la mismísima Scarlett Johansson? Vivíamos en una nube.

Los que tampoco despertarán del sueño son las trece víctimas -por ahora- del trágico accidente en Castelldefels ocurrido en la verbena de San Juan. La responsabilidad de lo ocurrido es de esos jóvenes que cruzaron la vía, por supuesto. Pero el tren que los arrolló circulaba por una tramo ferroviario por el que transitan trenes de cercanías, regionales, de media y larga distancia. Y porque no caben más. Por eso hemos construido el AVE, que da prestigio al país, pero que no resuelve las necesidades de la mayoría de sus ciudadanos. Continuamos en la nube.

Avanzamos, eso sí. Pero seguimos sin despertar del sueño.